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El skin de style Blue es del creador Shoei, quién es el webmaster Keisuke Bishamon, esté skin fue diseñado única mente para este foro de Fairy Tail, si se nota algún robo o algo se denunciará (¡Se original!). Las imágenes usadas aquí, no son del staff, excepto algunos dibujos que hayan creado u algo, mientras lo demás no es de nosotros, se agradece ah: Google, ZeroChan, Deviantart y a sus dibujadores de fan art. El anime y manga donde estamos usando la temática es de Fairy Tail del creador: Hiro Mashima-sama. La historia donde estamos situada es del manga/anime, no obstante tiene algunas modificaciones y cosas agregadas. Las imágenes usadas aquí (editadas) son del foro, básica mente nos pertenece de está manera, si lo tomas es robo, puedes tomarlas de algún lado y hacer tu propias modificaciones, ¡Se autentico!, las tablillas usadas del foro también son de Shoei a excepciones las que salgan tablillas con otro crédito que no sean de él. Agradecemos también a FA (ForoActivo) sin ellos no hubiera posible esto ¡GRACIAS!.

—I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

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—I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

Mensaje por Jeong Hwa-Young el Sáb Ago 01, 2015 7:48 am

❛❛La muerte no existe, la gente solo muere cuando olvidan; si puedes recordarme siempre estaré contigo.❜❜
Eva Luna, Isabel Allende

¿Y qué la llevaba a aquel lugar? Bueno la pregunta era muy buena si se podía reiterar ya que ni siquiera ella misma sabía qué se encontraba haciendo por aquellos lares, solamente iba de pasada para ver a alguien en especial, con un abstraído aire que le rodeaba en el alma aunque, a su modo de ver, el ir de esa manera era un estado bastante “neutral” aunque luciera con la desfachatez de parecer cómo un pequeño fantasma en lo absoluto iba a estar decaída o algo por el estilo ¿Por qué iba a estarlo? Más lo que era curioso en todo el sentido de la palabra era que toda la noche anterior se había a dado la tarea de quedarse pensando aunque las neuronas no le abarcaban en su totalidad, y no es que fuese tonta no, para nada; Pero claramente era un tema un tanto delicado para ella ya que no conocía ni son ni ton con respecto a lo se estaba por enfrentar. . . “Tener un encuentro sentimental (entre comillas) con un hombre” ¿Y cuándo en su vida se había imaginado haciendo eso? ¡Bueno pues obvio que nunca! Cómo todas las personas alguna vez esperan estarse juntando cómo los animalitos de  Noé en un arca que va de dos en dos, bueno en su mundo y en sus ideas ella era una especie única que debía desarrollarse de manera solitaria.
Por lo cual toda la noche anterior había estado preguntando de manera constante hasta que sus dudas fueron aclaradas (mentira, simplemente hasta que llegó a ser una tarabilla a los oídos de sus compañeras).
«— ¿Y qué es lo principal que deseas saber? — Jacto una de ellas mirándola mientras tanto y arqueaba una de sus cejas cansada.
¿Qué se debe de hacer? — Su pregunta iba a plazo general, al grano cómo siempre.
Bueno Young se debe ser femenina, linda, amable, considerada — Y Así siguió, hablando por todo un rato diciendo algo que para ella era exactamente lo mismo pero con palabras distintas.»
Literalmente aquello no había sido una charla muy amena o educativa para ella, solo estuvo sentada alrededor de dos horas escuchando el mismo balbuceo o “tips” de ligue que cada una soltaba cómo pajarraco entonando su ruidoso canto, a los ojos de Hwa-Young las aves tenían un color bastante horrible al hablar, su voz le irritaba los ojos cuando comenzaban a emitir sus sonidos de colores fluorescentes, con solo pensarlo le da dolor de cabeza, son cosas que no agradece de tener una visión tan perceptiva de la vida.

En fin, aquello no le había ayudado en nada de nada, hasta que una de aquellas almas tuvo cierta misericordia de su peculiar inexperiencia con su relación con las demás personas y le comentó con calma “Se tu misma, bueno… no exactamente en realidad, con tal de que no logres que el joven salga corriendo de ti, ya has hecho bastante” ¿Acaso aquello le debió doler? Si ese era el punto, bueno. Lo tomó cómo instrucción y en la memoria se lo grabó “Luego, intenta usar otra ropa, algo casual ya que vas en una cita” ¿Y qué tenía de malo su ropa? Si al abrir su armario tenía el mismo conjunto por todos lados, haciendo que sus mismas compañeras de gremio quisieran donarle más de un vestido para la ocasión, ¡Genial! ¡Ropa gratis!  Pensarían muchas mujeres al tener millones de amigas con las que se comparten los cambios de ropa; pero no ella no pensó de esa forma salvo a que el corazón se le salía del pecho al ver el desorden que estaban causando dentro de su armario, su habitación rompiendo el orden dentro del estatus que tenía, ya que todo conservaba un lugar y posición.

«—Esto…es anarquía—Mencionaba en un tono de voz super pacífico, ¿Quién iba a imaginar que estaba estresada cuando ni el tono de voz levantaba? ¡Vamos! Que él esfuerzo de hacerlo no matará a nadie. »

Dicho y hecho, de esa manera consiguió un vestido color aqua con un forro y mangas de encaje para lucir ese mismo día.  No esperaba que Eggsy –Egbert– le dijese mucho ya que siempre que se encontraba con él su rostro le recordaba a un gato enojón, pero para su persona más bien era cómo un conejo, un lindo conejito cómo Lyria su coneja. Y pensando en el pelinegro, cada vez que miraba más a los costados más perdida estaba ya que no encontraba siquiera señas de humo por parte de Egbert y eso que lo decía de manera literal, para ella mirar a Egbert con sus cigarrillos era imaginarse a una locomotora andante, sin ellos, él no carburaba bien ¿Ven? ¡Una locomotora!, eso y su imaginación sin duda alguna le daba para pensar en muchas cosas más de lo que podía imaginarse.  Pero por el momento debía centrarse en encontrarlo de entre la multitud por dónde iba caminando, cómo siempre a su propio sentido, si ellos iban hacía la derecha bueno ella marchaba a la izquierda mientras murmuraba el nombre del samurái, se detuvo para dar una vuelta en su propio eje y divisar con algo de trabajo aunque entrecerrara sus ojos para alcanzar a distinguirlo, era él.
Acomodó la falda del vestido que iba usando, no lo usaba con mucha gracia, ya que ella no encontraba gracia o razón de ir luciéndose al estarlo usando, de todos modos lo único de su indumentaria que resaltaba era eso, el vestido bonito ya que se encontraba usando las mismas botas de siempre y que consta que ni a trueques lograron convencerla de usar otro tipo de calzado, si intentaba usar unas zapatillas se iba a dar en todo lo que se llamaba rostro. Llegó hasta quedar a unos cuantos metros de distancia, ladeo la cabeza mientras parpadeaba mirando al mayor de arriba abajo.

Egbert. Estás quince minutos retrasado de la hora acordada. — Se acercó un poco más para posarse al lado del pelinegro y tomar su brazo con brusquedad, no era una brusquedad con una mala intención, solo intentar lo que miraba hacer a muchos, si eso era lo que se suponía que las parejas hacían, bueno no viene mal intentarlo, aunque tuviera la mano pesada —Egbert — Mencionó el nombre del pelinegro en voz alta mientras afianzaba su agarre con su otra mano, llevaba tiempo que no miraba al samurai, por lo cual pensó en un cumplido, un cumplido sencillo, ¿qué era bonito? bueno las cosas pachonsitas, a su parecer y al parecer muchas personas. Miró con recelo el abdomen ajeno subiendo hasta el rostro para poder mirarlo de manera fija, cosa que no era para nada común que lo hiciera, el mirar a alguien de manera fija, no era algo que fuese su estilo, era una acción que se miraba cada cierto tiempo y por alguna razón en especial o acción especial hacía la persona que miraba de manera fija, su mirada se tornó un poco tierna pese a su inexpresivo rostro, intentando decir con todo el cariño posible aquel maravilloso cumplido que tenía entre sus labios — Estás gordo cómo gato roñoso — . . . Bueno, cabe mencionar que al menos lo intentó dando un extraño inicio a su salida con el capitán Egbert.
  
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Re: —I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

Mensaje por Egbert Leonhardt el Miér Ago 05, 2015 5:33 pm

Un día que muchos no desean tener, oh mejor dicho… ¡Egbert! Tenía que trabajar y eso para él era todo, no podía vaguear, no podía hacer nada que fuera no hacer algo en todo momento debía hacer valer su cargo del consejo mágico, un niño no podía hacer obviamente ya era un adulto de la maldita sociedad actual que debía corregir con mano fría, súper fuerte y con muchas miradas serias ya no era el mismo niño además a pesar de haber por detrás un pasado de mierda… Puede haber un futuro lleno de cosas buenas oh así había que pensar. Sus manos apretadas fácil mente se podía ver en su rostro que debía hacer algo por su vida y así mismo podrá quitar el aburrimiento que tenía sobre sus hombros pero claro de momento debía hacer miles de cosas. Su mirada hacía sus compañeros simple mente era la de un demonio queriendo devorar a su presa con mucho gusto y hacerlo que sufra, había visto a sus compañeros vaguear y mirar unas revistas para adultos y no hacían su trabajo como deberían, por lo tanto una vena parecía que iba a explotar de su frente mientras que su irá, era demasiado para aquellos pobres hombres, ya faltaba poco para la irá divina – ¡Malditos bastardos! ¡Oe, ¿Qué están haciendo en plena luz del día?! ¡Se me van ahora a trabajar! – obviamente no fueron simples palabras también agarró y dio unas patadas a sus traseros, doblo su espada por la parte sin filo y empezó a golpear sus cabezas sin detenerse en unos minutos – ¡Y que les sirva de lección malditos! – aun enojado parecía que iba a sacar humo por sus dos ojos del cigarrillo que fumaba.

Hombre no tan alto pero con un cuerpo no tan peludo su cara parecía la de un tipo de mono o un animal con demasiado pelo – ¡Señor Egbert, muy buenas! ¿Cómo está? ¡Espero que bien! – el pelinegro no tardo en mostrar sus ojos tan penetrantes como una espada hacia el hombre con una simple vista supo que este le vino a chupar las medías o algo semejante, le dio asco. Le quedo mirando, ponía sus manos en su chaqueta y se le acomodaba y también luego su mano derecha iba a su bolsillo izquierdo, mientras con la otra mano libre agarraba el cigarrillo, tragando un poco de humo hacía adentro donde esté circulaba viajando en su cuerpo hasta ser sacado por su nariz le quedo viendo – ¿Qué pasa, tienes algo que decirme, porque maldita sea andas aquí y no trabajando? Más vale que me digas una buena excusa… ¡Oh te mataré! Yo no perdono a los holgazanes en mi horario – el señor había empezado a sudar como loco mientras movía sus manos un tanto rápida, no era fácil hacerle frente a este matón de Egbert sus cabellos negros, su cara sería, todo lo de él daba mucho miedo a cualquiera, el demonio negro – ¡Lo siento, es que tengo mucho respeto hacía usted y su trabajo y nada más vine a saludarlo y desearle suerte! – dijo aquello pero la cara de Egbert era otra cosa, cada vez más molesto.

El tipo no sabía dónde empezaría a correr, mientras el asiático le miraba de una forma muy provocativa, le tiraba de su humo contaminante hacía su rostro y no paraba su cara parecía que se iba deformar cada vez más, pero luego se calmó y sonrío de forma muy honesta como si fuera un hermoso niño – oh… Muchas gracias, me siento halagado por tus palabras, cada día me esfuerzo más para ser mejor persona y estos vagos hagan algo por la vida… ¡Gracias de verdad! – el hombre parecía que se había salvado ¿Qué había pasado, que fue eso? Aun nadie sabía nada el hombre muy feliz dijo lo siguiente – ¡Ohhh! ¡Egbert! ¡Qué tipo más genial! – después de volverlo “feliz” su mirada se tornó como una mierda, su enojo le hizo que le pateara la cara y volara hacía contra una pared y chocara con esta con demasiada fuerza – ¡¿Acaso pensaste que diría eso de verdad?! ¡Idiota, no me interesan tus tontas palabras, si tanta admiración tienes por mí, ¡Ponte a trabajar! – el tipo lo más rápido y como pudo se fue de ahí con mucho miedo, mientras que Egbert hacía tronar sus dedos y parecía que iba a matar a alguien. Tiró su cigarrillo terminado y puso otro en su boca, sin fumar este tipo podría perder la cabeza más de la que tiene perdida… Saco su encendedor de forma de un envase de mayonesa y prendió su tabaco con plena tranquilidad mientras que recordó algo importante, debía… Comer un poco de pastel con mayonesa, salió al centro con su katana en su cintura mientras recorría las calle, había una multitud impresionante por todo el lugar.

Ingreso a una tienda de postres, tomo un pastel con crema y lo compró se sentó afuera mientras colocaba un montón, ni era ni poco, ni mediano, ¡Todo el pastel lleno de mayonesa! Y de ahí empezó a comer con mucha tranquilidad… ¡Aunque toda la gente le miraba! Este no sentía pena ni nada, empezó a mirar hacía todos lados, todas las personas miraban hacia otro lado asustados por su cara pero claro a este no le importaba desde muy pequeño sabía que nadie lo aceptaría por su forma de ser y también por explotar de rabia muchas, pero muchas veces en su vida por todo, pobres personas que trabajaban con él dado que recibía una paliza en cada momento del día.

Se había acordado de que debía ir a una ¿cita? Algo así, con Ginko, no odiaba a esa mujer pero sentía mucho enojo cuando andaba a solas con ella, si debiera pensar cuantos hijos le debe por cada vez que abre su boca las posibilidades de sobre poblar este mundo sería muy extraño. Había muchas personas, pero pudo encontrar a la chica de pelos blancos desordenado y con sus ojos carmesí – perdón, Ginko, andaba comiendo un pastel de mayonesa – decía feliz, porque todo lo que era la mayonesa era felicidad. No pudo evitar mirar con mucho odio las palabras que había dicho la mujer – ¡Pero mira quién habla, tienes más pansa que yo, parece que no dejas de comerte cosas que engordan! – sin duda alguna no era un caballero, ni cerca de eso, su rostro andaba muy cerca al de ella, ponía su brazo junto al de ella y obviamente la acompañaba – oe maldita mujer loca, me debes hijos y lo sabes, oh siento que me caerá una furia de los muertos en cualquier día de estos – no creía mucho en esas cosas, pero claro… Debía tener cuidado por lo que hacía, pasaba y también podría ocurrir en su vida, así que debía cumplir todo.
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Re: —I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

Mensaje por Jeong Hwa-Young el Mar Sep 15, 2015 4:40 am

"Bad little boy, that’s what you’re acting like. I really don’t buy that you’re that kind of guy. And if you are… why do you want to hang out with me?"
Rebecca Sugar

Eran miles las preguntas que se volaban por el frente de su mente antes de convertirse en mero vapor que distorsionaba las respuestas en cuanto estaba por encontrar el hilo que llegaba a tejerlas de inicio a final, y en ese mismo instante estaba cruzando por un fino dilema que hacía perderle la cordura (No es que tuviera mucha realmente) y era. . . ¿Cómo tendría que avanzar aquella reunión?, De forma natural ¿No? Bueno, esa sería la respuesta claramente correcta si tuviera la mínima experiencia en el tema, ya que estaba a ciegas en un territorio desconocido, un lugar que no le pertenecía a los alcances de su zona de confort. Pegaba su mejilla al brazo que sostenía entre sus brazos, se había puesto bastante cómoda sin siquiera preguntar y aunque fuera falta de maneras o rebozara de ellas no iba a pedir permiso para recargarse en alguien o algo; Aunque ese alguien fuese Egbert. Ya lo había sacado de sus casillas desde el día en que se topó con el ¿Por qué debía de evitar sacarlo de sus cabales ahora mismo?, Se encogió de hombros mientras comenzaba a tirar del brazo ajeno para emprender su caminata por las calles de Onibus, miraba pasar a las personas por ambos lados de la acera a modo que alcanzaba  a distinguir más de un hilo de voz y escuchar un fuerte revoltijo de sonidos, aquello de cierta manera no le gustaba, nunca le gustaron los lugares concurridos, tampoco con muchos sonidos y era porqué aquella visión sinestésica la llegaba a marear.

En su mente se preguntaba, ¿Qué sabor tendría un pastel con mayonesa? Solo pudo arrugar su nariz con imaginar el aroma, bueno, un aroma en exceso dulce para su persona, asimismo un sabor bastante. . .”peculiar” que en la vida desearía probar, aunque conociendo a su acompañante tarde o temprano lo haría, de una manera u otra, pero lo hará.  Aunque la duda la matase se mantenía callada hasta cierto punto, ya que estaba bastante cómoda con su mejilla recargada en el hombro ajeno.  Miró de reojo al pelinegro y murmuró en un tono de voz casi inexistente ya que sus tonos de voces solían variar de distintas maneras, pero el más común, era aquel tono de hormiga el cual podría ser fácilmente ignorado por cualquiera que se preguntara “¿Qué era lo que acababa de escuchar?” —  ¿Estaba bueno? Con salsa emulsionada a base de huevo. —Mayonesa, en sus palabras tan rebuscadas.   Infló sus mejillas mientras apretaba el agarre que mantenía para no separarse del mayor, ya que sentía que la gente se multiplicaba de poco a poco, y para ella iba a ser una lata volver a perder de vista al capitán Leonhardt. Sin duda alguna le molestaba y le molestaba mucho estar entre multitudes, por ende buscaba más rápido la heladería más cercana llevando casi a rastras al pelinegro, en parte ignorando y de a momentos escuchando atentamente hasta escuchar algo bastante peculiar y era que tenía una deuda con iva e impuestos que pagar, pero de momento bueno. . . ¿Qué debía decirle?,  pocas veces miraba a los ojos a las personas al hablar, pero esa había sido una excepción aunque fuese aburrido y algo poco esperado para ella, miró de manera fija al pelinegro. —  ¿Hijos? — Bueno , bueno se había quedado de cuadros porqué. . . ¿Qué diablos son los hijos?.
Había escuchado mucho, pero tan poco al mismo tiempo, no recordaba nada, ¿lo habría omitido de su mente?, con un leve tic bajo su parpado derecho al serle imposible hacer memoria, o siquiera recordar  la definición de la palabra “hijos” buscaba, buscaba y rebuscaba en los rincones de su memoria entrando en un estado de frustración haciendo que sus manos se movieran de una manera extraña, llevó su mano derecha hasta sus labios para morder levemente la piel del dorso de su mano mientras con su mano libre seguía sujetando el brazo de Egbert, era raro sí, pero en si eran sus especies de “ataques autistas” aunque en su totalidad no fuese eso. Terminó por fruncir el entrecejo mientras apartaba su mano de entre sus labios para mirar a Egbert de a momentos — Está bien —  No sabía a qué le había dado luz verde, pero en sí el pelinegro no lucía muy emocionado, aunque ¡Oh vamos! Eran contadas las veces que lo observaba sonreír ya que solo sonreía con su amada mayonesa.  ¿Debería sentirse mal por no ser un motivo para hacerlo sonreír cómo lo hace la mayonesa? Bueno si le tomara mucha importancia, sí. Pero Jeong es Jeong, podía cruzar un elefante rosa frente a ella y ni lo vislumbraría.
Hijos, después de helado —  Primero, quería un sundae de fresa  con muchas galletas a un lado después podría discutir mejor (¿Sabía discutir temas acaso?) el tema de los “hijos”, aunque conforme avanzaba cómo las ideas circulaban pensaba “Yo soy una hija” de sus padres obviamente entonces Egbert quería — Mini Jeong. . . Eggsy,  ¿Quieres un mini Eggsy? —  Bueno, algo es algo, que no entienda en su totalidad puede llegar a dar ciertos problemas pero, no importaba al menos sabía por dónde se estaba conduciendo.
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Re: —I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

Mensaje por Egbert Leonhardt el Vie Sep 18, 2015 5:09 pm

Sin duda alguna alguien que toma el control de todo siendo un oficial de alto rango y más tenía su momento serio, su momento donde todo le podía caer a los malditos hombros haciendo que pesará y le fuera muy difícil caminar además de muchas cosas más aunque claro que sus subordinados eran estúpidos, sin duda alguna sentían emociones tan grandes por su superior que él les daba patada en vez de felicitaciones y más en un momento que andaba con una mujer de cabellos descontrolados de color blanco, obviamente su mente venía a la mayonesa aunque claro no todo era sobre ella, va qué tontería, todo venía a su mente, su amor era la mayonesa.

Notó con mucha sorpresa, le había tomado su brazo con mucha forma sería no tardo en gritarle en pleno oído mientras su cigarrillo se movía de su boca, pero no se caía con tantas movidas sabiendo que no le desagradaba pero si le disgustaba que esa mujer lo tocara sabiendo lo que ha hecho durante su vida que la conoce, Egbert tenía la voz de todo un hombre con tonos graves que parecía un hombre muy alto con muchos pelos en el pecho, todo un macho – ¡Oe maldita loca, suéltame de una maldita vez, que me repugnas, de una maldita vez déjame! – obviamente luchaba que lo soltará obviamente lo que pasaba entre ellos era muy raro, se podía considerar una pareja muy tierna, pero quién pensara eso andaba loco o le fallaba el hámster de la cabeza porque eso no aparentaban en nada, sus personalidades chocaban constantemente haciendo muchas cosas que fuera más difícil convivir juntos.

Ya con haciendo mucha fuerza ya que él tenía más, obvio, se logró zafar de sus manos haciendo que este pudiera respirar con calma, mientras su cigarrillo se había acabado, lo cual no era tan raro ya que fumaba tanto que parecía que no durarán ni cinco minuto, teniendo en su bolsillo más de diez cajas, obviamente tenía más de cinco bolsillos, si un fumador como él no tiene algo para fumar ¡Explota! Como un verdadero loco, mientras miraba a la chica con una forma seria mientras sus ojos azules miraban hacía una tienda de pasteles, obviamente saco una caja, un cigarrillo lo puso en sus labios, cerrando sus ojos con un encendedor de forma de envase de mayonesa prendía con mucha tranquilidad obviamente era muy interesante, que su encendedor tuviera forma de envase de una mayonesa, lo hacía muy original y su amor por la mayonesa extremo.

Noto el raro comportamiento de la mujer, ya que sabía que andaba algo loca no tardo en suspirar y mirarle, una gota salía de su mejilla mientras su ignorancia lo hacía ver más inteligente, o algo así. No tardo en suspirar mirando sus ojos – no lo sé… Quizás debería conseguir una mujer que pueda darme hijos, muchos hijos, ya que tu no tienes la fuerza, ni la mentalidad de ser una futura madre, ¿Oh me equivoco? Te veo rara siempre, me das algo de miedo – sus palabras fueron crueles, pero no le importo para nada ya que andaba cansado de mucho, saco su cigarrillo y saco humo desde su boca con mucha calma mientras miraba el cielo y volvía a colocarse este.

Se había desilusionado mucho aunque claro sabía que tarde o temprano, esas palabras serían dichas por su boca. Tomo aire cerrando sus ojos y tocaba la punta de su nariz con mucha tranquilidad mientras pensaba con calma que iba a hacer de ahora para adelante, obviamente no sería difícil, aunque también faltaba las palabras de la chica, aunque más o menos se daba una idea de lo que podría decir, así que se acercó a la tienda de pastel y le puso mucha mayonesa, todos le quedaron viendo raro – ¡Perfecto, está bien! – decía para luego empezar a comer con tranquilidad con los ojos cerrados con calma y seguridad.

Termino el pastel en un abrir y cerrar de ojos con mucha tranquilidad mientras se limpiaba la boca y miraba a la mujer para pagar lo que había comido – estuvo muy delicioso, muchas gracias señorita – decía con mucha felicidad, había comido mayonesa, era muy feliz, aunque las miradas seguían y la mujer que tomo el dinero también andaba muy sorprendida.
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Re: —I want to satisfy, the undisclosed desires in your heart [Priv. Egbert Leonhardt]

Mensaje por Jeong Hwa-Young el Dom Sep 27, 2015 6:01 am

¿Por qué razón Jeong evitaba escuchar con claridad lo que muchas veces le decían?, ciertamente dicen que la palabras lastiman más que un golpe en físico en cualquier situación en la que uno se mire involucrado. Pero a ella la envolvían, la ahogaban y ya no la abandonaban por largos periodos,  muchos recuerdos perduran, pero han sido bloqueados por su mismo subconsciente cómo lo es el de su fiesta de cumpleaños  por ejemplo; El mirar aquel tono que repudiaba con su ser salir de los labios de Egbert le ocasionó un colapso momentáneo, sus manos se habían quedado estáticas aun cómo si estuviese sujetando el brazo del pelinegro, pero se quedó mirando lejos, mirando las acciones ajenas hasta que en cierto punto decidió bajar sus manos llevando estas a sujetar la falda del vestido por las costuras, para suerte de ambos no reaccionó de otra manera, tenía sus numeritos aunque no pareciera, y tenía sus raros momentos de histeria cómo cualquier otra chica normal en este mundo aunque fuese todo un caso ante ojos ajenos. Para ella, su persona era lo más normal; Más normal que mirar a muchas parejas, a muchas persona y figuras tener pensamientos condenadamente bizarros con el mundo cómo lo era con la realidad.

Young nunca formaba otra mueca o manera de dirigir la mirada, siempre conservaba aquella mirada fija en un punto, sin sonrisa, sin una mueca de disgusto, no tenía sentido de emociones o sarcasmo claro estaba, Sin embargo el capitán Egbert había logrado lo que ni siquiera su familia en ella, hacer que esta tuviese una mirada desaprobatoria en su totalidad, el entrecejo fruncido, una mueca torcida en su rostro y su mirada en el pelinegro. Se esperaba todo, de todo con sus arranques menos aquello. La sinestesia muchas veces la vuelve en su totalidad una mansa criatura, ya que solos pocos (Y que consta, son contados), los que llegaban a hacer sentir un enorme remolino nauseabundo en su estómago. — El miedo siempre viene de la Ignorancia. . . Egbert. — Se podría decir que sus manos temblaban en un leve tic, su dedo índice chocaba con el pulgar cómo si quisieran atravesar la costura de la tela. Volviendo a mencionar, hubiese preferido no haber escuchado a Egbert decir eso, o simplemente haber pasado el comentario desapercibido, ¿Qué conocía él de ella y viceversa? Obviamente nada, para ella no tenía derecho alguno de decir que le provocaba alguna especie de miedo — El miedo es el más ignorante, injurioso y el más cruel de los consejeros — Soltó una de sus manos para señalar al pelinegro de manera fija acercándose dos pasos y medio —Entonces… Egbert, déjame decirte — Llegó a poner sus pasos a pisarle la punta de los zapatos, estaba el letrero, su “pareja” y su dedo índice de por medio en aquella escena — La ignorancia es la madre de tu miedo Egbert, así que. . . tengo “miedo” de tu miedo
Sí, había la necesidad de grabar aquella escena dónde había articulado más de cinco palabras en un momento con la mirada fija en alguien, Ofendida estaba pero dentro de poco lo olvidaría todo lo que le había tirado en cara  a Egbert, se alejó a una distancia considerable de  nueva cuenta, de las veces que ella había hecho enojar a Egbert, el pelinegro no había logrado siquiera un acierto en darle justo dónde se podría decir que “más la prendía”, si detrás de ellos tuviesen un cartel con las cuentas de sus enojos, la albina contra apena y duras penas tendría de su lado un marcador diciendo “1” a favor de Leonhardt.

Seguía con ganas de un helado Sundae de fresa, cruzó sus brazos mirando hacía al frente aun con todo aquel embrollo en su memoria, rechinaba sus dientes murmurando de forma inconsciente su enojo, su pie derecho se movía de un lado a otro haciendo una marca en el suelo. Respiraba de manera profunda y poco a poco volvió a calmarse llevando sus manos a su espalda, meditando lo que había dicho, ella no conocía a Egbert por completo, para ella seguía siendo el tapete de la heladería dónde se conocieron, y ella una fastidiosa que lo sacaba de casillas, pero algo no le cuadraba en su puzzle mental, aparte del recuerdo bien pudo haberle ignorado cómo a su hermano tiempo atrás, ¿Por qué le había devuelto la especie de ofensa diciéndole cobarde ignorante al no conocerle por completo? Realmente a él no debería de importarle, así como ella sabía estaba acostumbrada en su mayoría a aquellos tipos de comentarios; Quizás y fue el hecho de que comenzaba a sentirse apegada a él de cierta manera, De un momento a otro se volvió a acercar a él pero esta vez para darle un punta pie en la pierna derecha, y antes de que se levantara le dio otra en la izquierda — ¡Me has hecho un embrollo! — Refiriéndose a sus propias disputas dentro de su cabeza que estaba por darle migraña, había accedido a darle los hijos y él aun así para su manera de pensar le dijo cosas sin sentido alguno para el tiempo que llevaban conociéndose, ¿Qué más deseaba este hombre?, ¡¿Hacer que sus pensamientos estallaran!?, no dijo más y terminó por sentarse frente a Egbert con las rodillas pegada a su frente, no estaba llorando pero hacía una leve alusión a ello, mantenía los ojos cerrados y respiraba de manera profunda para volver a sus cabales. Poco le importaba que la gente comenzara a murmurar de la peculiar pareja que rondaba por las calles de Onibus, solo quería volver a tener su paz aunque sea por un corto momento, cosa que no lograba al escuchar murmuros de personas que ni siquiera debería de importarles lo que estaba sucediendo, aquel horrible sonido que se hacía grande sobre sus hombros le daba un sabor amargo cómo las fresas que se quedaban al sol por un día entero y le resultaba en su totalidad algo nauseabundo, por algo odiaba ir en multitudes la mayoría del tiempo, Era normal sentirse mal en una situación así, era humana, una persona después de todo lo creyeran o no, solamente que era una persona con sentimientos distorsionados que reaccionaban en los momentos más inusuales o solamente cuando realmente se requerían de ellos.
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